Renovar cada día nuestro sí

Cuando estamos convocados cada año a la Vigilia Pascual y cada domingo a la Eucaristía, la Iglesia nos pide, en nombre de Cristo, si aquella semilla de la fe cristiana sembrada el día de nuestro bautismo nos interesa o no, y si somos suficientemente humildes para dar un voto de confianza a Jesús que se nos presenta vivo como Camino, Verdad y Vida, capaz de decirnos: «¡No temáis!, yo estoy con vosotros cada día!» Él percibe, junto con nuestra proximidad, la adhesión, y nos pide a cada uno: «¿Me amas?» Entonces, su propuesta es nuevamente: «¡Sígueme!»

Sin embargo, el Dios que se manifiesta en Jesús sigue siendo a menudo desconocido cuando la actitud que nos mueve es sólo la admiración de un liderazgo puramente humano o la curiosidad por sus milagros. No es ésta la relación que Jesús quiere que establezcamos con él. La mirada de Dios sobre cada hombre y cada mujer, sobre cada uno de nosotros, se torna apasionante búsqueda, como el pastor busca la oveja perdida, como la paloma busca el nido para dar el calor que comunicará vida. Dios solamente puede amar.

Otra vez la iniciativa es suya, ya que empieza por sembrar en nuestro corazón la invitación a una sincera y humilde búsqueda, que se convertirá en presencia afectiva. Podemos decir con certeza, con la confianza que nos otorga la fe, que cuando buscamos sinceramente a Dios y lo hacemos amando, conociendo y siguiendo a Jesús, es que ya lo hemos encontrado. Esta «experiencia pascual» la tenemos a nuestro alcance cada vez que experimentamos que nos sale al encuentro, como los apóstoles el tiempo de Pascua, resucitado. Por eso, renovar nuestro «sí» a su seguimiento incondicional, en el corazón de la comunidad cristiana, desvela un nuevo horizonte en nuestra vida y ésta toma una decisiva orientación hacia Dios, que es Amor.

Jesús nos conoce, sabe muy bien todo lo que sucede en nuestro interior y no nos abandona, nos acompaña siempre abriéndonos al sentido de las Escrituras y partiendo para nosotros el pan de la Eucaristía. Conoce mejor que nadie el misterio de amor y de confianza que se ha operado en el interior de quien lo ha buscado y se ha dejado encontrar por él. Jesús realiza la mejor valoración y nos desvela el secreto: «Hijo mío, hija mía, tu fe te ha salvado.» Ha habido respuesta, ¡es Pascua!

 

Sebastià Taltavull Anglada

Obispo auxiliar de Barcelona

Castellà, , , , , , Permalink

Comments are closed.